ANIVERSARIO Y PALLAS DE CORONGO


Por Manuel González Montes


La provincia de Corongo fue creada por ley 9821 del 26 de enero de 1943; en consecuencia, estamos recordando sus 66 años de vida política. Pero, como pueblo, Corongo tiene muchos años más y su fundación se remonta al antiguo virreinato. Posiblemente pudo haber sido entre 1573 y 1577, en el contexto de las reducciones del virrey Toledo (fusión de etnias para dar origen a un pueblo).

Desde su época precolombina, Corongo ha tenido muchos momentos de florecimiento agrícola y ganadero, los mismos que se extendieron hasta las primeras décadas del siglo XX.

Lamentablemente hoy, la situación de nuestra provincia no es la misma, incluso podemos decir que ha empeorado, hecho agravado por la incontenible emigración de los coronguinos a otros lares que ha convertido a Corongo en la provincia menos poblada de Ancash.

Sin embargo, Corongo posee un rico patrimonio histórico y cultural forjado como consecuencia del mestizaje español-incaico y del cual debemos sentirnos orgullosos. En este sentido hay que resaltar que el 13 de noviembre del 2008, nuestra estampa folclórica emblemática, la mundialmente conocida Palla de Corongo, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Nación por RD Nº 1671 dada por el Instituto Nacional de Cultura.

Finalmente, los coronguinos, tanto en Corongo como en Lima, no sólo debemos mostrar orgullo por nuestra riqueza cultural, sino que debemos superar muchos puntos de vista anquilosados –propios de siglos pasados- y mirar el futuro con fe y optimismo, para encarar unidos y en forma conjunta la solución de nuestros problemas. Mientras tengamos una visión fragmentada de los hechos y no nos reconozcamos como hermanos, poco podremos hacer.



ANIVERSARIO DE LA PROVINCIA EN CORONGO


ACTIVIDADES POR EL LXVI ANIVERSARIO DE LA PROVINCIA DE CORONGO - ANCASH Y HOMENAJE A LA PALLA CORONGUINA


El Gobierno Provincial de Corongo, dentro del marco conmemorativo del LXVI aniversario de su creación política, estará desarrollando un trascendental programa de actividades en homenaje a la PALLA CORONGUINA, en mérito a la Resolución que declara como Patrimonio Cultural de la Nación a la danza “PALLAS DE CORONGO”.

Con tal motivo, la Escuela Nacional Superior de Folklore “José María Arguedas” institución nacional con mayor representatividad en nuestro país, encargada de defender y conservar la memoria del patrimonio documental inmaterial como parte importante de nuestra herencia cultural, ha sido especialmente invitada para presentar el documental etnográfico:

VALOR HISTÓRICO DE UNA TRADICIÓN: PALLAS DE CORONGO

Día: sábado 24 de enero del 2009
Lugar: Auditorio de la Municipalidad Provincial de Corongo
Hora: 11 a.m.



ANIVERSARIO CORONGO


Organizan: Asoc. Fraternal, Centro Musical y Asoc. de Ex Alumnos del Colegio San Pedro



SERENATA A CORONGO




5 DE ENERO: 100 AÑOS DE LA MUERTE DE LUIS PARDO


EL 17º ENCUENTRO DE ESCRITORES Y ARTISTAS ANCASHINOS

Todo parecía estar en contra: la época de lluvias, las vacaciones escolares, las fiestas recientes, el comienzo de un nuevo año, la dispersión de los invitados, las distancias para llegar a Chiquián, "espejito del cielo".

Todo esto se venció, gracias a que hubo, también, condiciones excepcionales: el financiamiento y apoyo constante de la Municipalidad Provincial de Bolognesi y el compromiso personal de su Alcalde; la convocatoria hecha por una junta directiva de la Asociación de Escritores y Poetas de Ancash (AEPA) con credibilidad y gran capacidad de trabajo ya demostradas en la realización del 16º Encuentro tenido en la población distrito de Marca, (provincia de Recuay) en Setiembre de 2008; pero sobre todo, el gran motivo: la celebración de los 100 años de la muerte de ese gran "bandolero-héroe popular" chiquiano llamado Luis Pardo.

Entonces se dio el milagro: cerca de 100 asistentes provenientes de Lima, Huacho, Chimbote, Huaraz, Cajamarca, hasta Chile, Nueva York y París por felices casualidades; más de 59 ponencias cumplidas estrictamente; dos mesas redondas sobre el Luis Pardo controvertido, literario y real y una sobre la situación del escritor; presentación de más de 22 libros, revistas y otros productos artísticos; mezclados estaban autores y estudiosos consagrados, editores, con investigadores y poetas jóvenes ya laureados; se trató desde el humor literario quechua, hasta la literatura joven ancashina; desde el amor, la poesía y la paz, hasta las necesidades del trabajo editorial en Ancash; desde las novias de Luis Pardo hasta su vigencia en la praxis social.

El cine, el teatro joven, la pintura, la declamación, el canto, la música y las danzas, nos permiten afirmar que ninguna de las manifestaciones artísticas faltó a esta cita. La presencia masiva de la población chiquiana, sobre todo en las veladas nocturnas, desmintió frontalmente ese mito paralizante repetido a menudo: el pueblo está lejos de la cultura.

Otros mitos cayeron: sólo hay producción cultural en la capital; en provincias no hay vida cultural; los escritores y artistas provincianos se han encerrado en un localismo estéril; la producción provinciana no tiene ninguna repercusión; los temas del Perú profundo son el interés sólo de algunos desubicados.

¿Se puede hacer algo mejor? Indudablemente que sí. El empeño, el trabajo, la respuesta obtenida, son el aliento para lograrlo: desarrollar una temática más coherente, menos dispersa; lecturas, exposiciones, happenings – como se dice ahora – en plazas públicas, en colegios y escuelas, con profesores y alumnos, con la población en general, pueden ser mecanismos para lograr una mayor participación e impacto locales; espacios abiertos al debate con el público participante fueron demandados; una mayor utilización de los medios audiovisuales modernos, para que la parte pedagógica y didáctica puedan desarrollarse ampliamente y así llegar a jóvenes y niños que son la motivación de nuestra trascendencia.

Todas estas impresiones, percepciones y sentimientos han sido el resultado de estos tres días para comprobar que nuestro trabajo en provincias – el de un sociólogo colombiano y una arqueóloga limeña – convencidos de que la gestión cultural es la argamasa para la construcción de identidades culturales fuertes, capaces de enfrentar los retos del desarrollo del país.


Jorge Luis Puerta
Marcela Olivas W.
Huaraz, 06.01.09
Fotos:
  1. Luis Pardo Novoa
  2. Escultura en Plazuela de Chiquián
  3. Tumba de Luis Pardo en el cementerio de Chiquián



EL HORNO A LEÑA EN CORONGO


La década de los cuarenta del siglo pasado estaba en sus estertores finales, avanzaba lentamente el mes de agosto y los trigales maduros del cerro Llacllacán se mecían fuertemente por los vientos de la temporada. Doña Lina, la vieja comadrona, estaba en serios problemas, no podía con el parto de mamá, entonces mi tío Culla (Coronato) agarró su caballo y se fue a la era en búsqueda de la “Bruja” Ramos la más experta comadrona de la comarca quien estaba en plena faena, haciendo trillar el trigo.

Los hermosos granos de Barba Negra, Mentano, Florencia Aurora, Húngaro, Candial Blanco, Candial Negro, el Márquez se lucían al vigor de los caballos que trotaban sobre las espigas y los agricultores pedían a gritos: ¡Wera, wera! y con agudos silbidos llamaban al Dios de los vientos que cargado de furia soplaba la paja y dejaba relucir los maravillosos granos de trigo maduro.

Trilla

La señora Ramos bajó a caballo y se puso a trabajar en el parto y así pudo salvar a la madre e hijo; al fin pudo ella sonreír y dirigiéndose a mi madre le dijo: “Comadre, gllingo ha salido mi ahijado”.

Pasaron los años y a mi madrina Ramos ni la saludaba, porque me daba miedo; decían que era bruja; pero gracias a ella estoy escribiendo estas líneas del recuerdo.

Este relato es un homenaje a las costumbres de las familias coronguinas alrededor del horno a leña.
El trigo se llevaba a los molinos de piedra que funcionaban por la fuerza del agua, era una molienda lenta, así la gente se iba de dormida a los molinos cargando sus granos en costales y costalillos a lomo de burro, luego se tenía que ir a cernir la harina. Las tías Catalina y Trifonía Liñán tenían sus cernidores a manivela, donde se separaba la flor, la harina blanca (fina o áspera), la semitilla y el afrecho.

horno

En casa teníamos un viejo horno de adobes que entró en desuso, mi mamá contrató a don Félix Luna para hacer una nueva, don “Chichica” Félix colocó un soporte de adobes luego colocó madera, adobe de arcilla roja, arena y vidrio roto (de botellas de cerveza), luego preparó una mezcla de barro de arcilla roja (miticola) con media arroba de sal, azúcar y agua; esta mezcla sirvió para el empaste de la base del horno. Luego usó los adobes del horno viejo para armar el nuevo y completó la labor empastando la zona interna del horno con barro bien madurado, con mezcla de paja y arena. Dejó una boca grande de entrada, un desfogue del humo y otro para eliminar la ceniza.

Las tías y mi mamá se ponían de acuerdo para hacer pan, cada una preparaba en artesas de madera, su masa con debida anticipación, usando el concho de chicha o levadura, de tarde se traían los troncos y rajas de leña, además se colocaba hojas secas de eucalipto para el precalentamiento del horno, pasaban las horas el horno se ponía a temperatura ideal y las mamás iniciaban el tableado de los panes, bizcochos, roscas, panecitos de maíz, bambasas, semitas.

Mientras tanto primas y primos jugábamos manito, las escondidas (chinkapochi), chanca la lata, chicotito caliente y otros, luego nos metíamos a la sala para preparar nuestras masas bien tableadas en forma de cachanga y las colocábamos en la puerta del horno a manera de prueba del horno.

Cuando los panecitos estaban listos los enfriábamos a punta de soplido para devorarlos de inmediato, que delicia se sentía comer esas cachangas calientes, también hacíamos las figuras de preferencia en masa de pan, a mí me encantaba hacer sapitos y lagartijas (ullukush).

Luego venían las señoras con sus pañolones y sombrero de paja cubriéndose la boca, para evitar la torcedura del rostro por cambio brusco de la temperatura, arrinconaban los carbones calientes al fondo del horno, limpiaban con hojas de hierba santa el piso y tomaban la pala de madera para colocar los panes en un orden de cocción, cerraban la puerta del horno y esperaban la hora de sacar el pan con tertulias, chistes que atentamente escuchábamos. Cuando el olor a pan cocido invadía el ambiente tomaban la pala de latón y comenzaban sacar el pan caliente en canastas.

Amasado

El desfile de panes blancos con manteca llamadas tortas, el jatutanta (pan de mercado) sin manteca, las bambasas un pan de semitilla (cáscara fina triturada) con mezcla de harina blanca; raramente hacían pan integral que era un pan humilde de molido sin cernir y finalmente las semitas que eran de maíz molido con mezcla de harina blanca áspera, estas semitas a su vez eran dulces o saladas, con manteca o sin ella.

Las formas de los panes eran a gusto de las mamás en forma de cachitos, lagartijas, sapitos, wawas (muñecas), guanacos, palomas, rosas, platanitos o el solemne repulgado (ondas especiales alrededor del pan que ahora se siguen haciendo en las empanadas).

Los que cerraban el horneo eran los panecitos de maíz y los bizcochos, aunque nunca faltaba una calabaza (que llamamos en el norte chiclayo) que era el último en ingresar al horno ya casi frío y entre las brasa quedaba toda la noche, al día siguiente ese chiclayo era un dulce de primera calidad, para relamerse los dedos.

pan caliente

Como el horno era complicado y caro de calentar, algunas familias preparaban sus masas, hacían sus panes y cachangas en tiesto, el mismo tiesto que servía para tostar cancha.

Terminada la hermosa reunión familiar mamá colocaba en alto, los panes en ganchos fuera del alcance de nosotros, éramos pues muchos niños y se suponía que los panes iban a durar un par de semanas; pero la imaginación infantil no tenía límites; mi hermano Julito inventó un método fácil para robarnos los panes, agarró un palo largo y le daba un golpe seco en la parte baja de la canasta, luego de esta “tukshida” los panes salían saltando por encanto y nosotros los atrapábamos felices, siempre fuimos insaciables devoradores de panes hechos en horno a leña, a la antigua, eran por lo tanto irresistibles. Pobres mamás nuevamente tenían que programar una nueva faena de horneo porque el pan se terminaba antes de lo previsto, siempre.

Posdata:
Este homenaje es en primer lugar dedicado a mi madre que siempre nos colmó de panes, bizcochos, roscas, bambasas, semitas, panecitos con el enorme cariño de siempre. En segundo lugar a todas las tías de las tertulias, a las señoras que hacían panes para venta y un homenaje especial a los mejores bizcochos que he comido de manos de la tía Auristela Garay de Trevejo y la tía Julia Olivera de Armijo (herencia de su madre doña Etelvina Cortés).

Luego siguen esta labor las tías Julia Trevejo de Garay y Julia Méndez de Trevejo, también la tía Flor Olivera. De nuestra generación sigue esta escuela Anita Olivera Garay, pero claro en Corongo hay nuevas señoras inmigrantes que hacen honor al pasado como Teófila Román, de quién gustosos degustan en Lima sus bizcochos; todos mis hermanos, sobrinos y mis hijos en especial.

Gilbert Collazos
Foto: Trilla de trigo, tomada de la pagina de Ernesto Altamirano